Hojarascas...
Vientos de otoño...
Amaneceres...
Paciencia...
Expectación...
Siempre es lo mismo, nena.
. . .
Creo en ello, veo a través de eso...
Nada está claro aún,
el Sol en el pecho...
Siempre es lo mismo... nena.
. . .
Amor tras amor, veneno y luz...
esperanza cuando te veo.
Siempre es lo mismo... nena.
. . .
Me partió un rayo y me perdonó.
(El cosmos me dió su perdón).
Cada vez que caigo, siempre lo supe.
Siempre es lo mismo..............
Luz de mi vida.
. . .
viernes, 2 de noviembre de 2007
martes, 2 de octubre de 2007
30 días tenía Septiembre
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El castillo de la sombra se derrumbaba entre susurros...
mientras la nube invernal lanzaba un último rayo, fiel al compromiso.
Tras el horizonte el Sol preparaba su regreso, y apareció con la condición de la frialdad en el pecho.
Aunque, más de una lluvia retornará con el canto del pájaro...
ya que el Alma nunca será de hielo...
.
El castillo de la sombra se derrumbaba entre susurros...
mientras la nube invernal lanzaba un último rayo, fiel al compromiso.
(En mis manos vi reflejado el porvenir y el vehículo)
Tras el horizonte el Sol preparaba su regreso, y apareció con la condición de la frialdad en el pecho.
Aunque, más de una lluvia retornará con el canto del pájaro...
ya que el Alma nunca será de hielo...
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viernes, 22 de junio de 2007
Día del Rayo
Y veo como cruje la nube y gesta la electricidad que se regocija en cumplir la misión de quemar los nervios del pobre ser humano que abrirá sus ojos para ver lo que no vió en el verano que tuvo la posibilidad de vivir en ese sitio tranquilo que ahora ve un poco lejano aunque nunca tanto como para no darse cuenta de que es el mismo sitio en donde está parado en este segundo eterno camuflado en los relojes que nadie deja de sentir como si en ello se les fuera la vida de osos o de gatos o de perros que ladran como yo ladro ahora estas frases veloces y cansadoras donde escondo mi felicidad por el porvenir que viene con el rayo que tanto duele Dios mío que todo lo puedes y pudiste castigar el error que siempre supe que cometería pero que gocé viviendo cada vez más conciente de lo negro y de lo blanco y lo más negro y lo más blanco que me envolvió en esa seda transparente en que perdí lo más amado obteniendo también lo más amado que es eso que no revelaré y que quizás algún día conozcas querida desconocida que huyes por el bosque de los lobos que aúllan tristemente sus sonrisas perdidas.
lunes, 23 de abril de 2007
La Gestación
Debo decirlo, música me acompaña
En este paseo por la inspiración de sus creadores.
Y el renacer de sus vestiduras
Aparece como un amor de lejos,
Como el mar que he surcado bajo el sol
En medio de la intensa profundidad que sostiene...
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sábado, 31 de marzo de 2007
Un porro con Genma
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El bello insecto
Mantuvo el vuelo ante mi vista.
Luego estuvo en mi mano
Y por accidente le arranqué un ala.
Supe que le daba lo mismo
Cuando vi a otro de su especie caminando
Sin el miembro que le arranqué a su hermano.
Como un débil pétalo en un cuerpo…
Aleteaban los insectos
Y observé otro, en detalle.
Su color y forma me eran extraños a primera vista.
“Es una termita”, sopló la voz del amigo
Mientras liberaba una bocanada de tabaco.
El bello insecto desde entonces tropezó con todo.
El atardecer una vez más,
Mil insectos decorando el aire perlado:
En medio del coloquio brotaban vibrantes.
Un pinchazo, un choque y una desconcentración:
“ahora son bichos“, comenté al indiferente,
Que reflexivo, tras otra bocanada, sonrió.
La noche.
La retirada por entre el bosque nocturno...
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El bello insecto
Mantuvo el vuelo ante mi vista.
Luego estuvo en mi mano
Y por accidente le arranqué un ala.
Supe que le daba lo mismo
Cuando vi a otro de su especie caminando
Sin el miembro que le arranqué a su hermano.
Como un débil pétalo en un cuerpo…
Aleteaban los insectos
Y observé otro, en detalle.
Su color y forma me eran extraños a primera vista.
“Es una termita”, sopló la voz del amigo
Mientras liberaba una bocanada de tabaco.
El bello insecto desde entonces tropezó con todo.
El atardecer una vez más,
Mil insectos decorando el aire perlado:
En medio del coloquio brotaban vibrantes.
Un pinchazo, un choque y una desconcentración:
“ahora son bichos“, comenté al indiferente,
Que reflexivo, tras otra bocanada, sonrió.
La noche.
La retirada por entre el bosque nocturno...
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miércoles, 7 de marzo de 2007
La Primera Revolución
¡Arriba! ¡Abajo! ¡Arriba! ¡Abajo! Ya no daba más pero había que seguir, sentía que me iba a partir en dos, pero el honor de este arte impedía aflojar la voluntad. ¡Adelante! ¡Abajo! ¡Atrás! ¡ADELANTE!
En ese momento casi desfallecí. Mil, tres mil veces adelante. Mi cabeza quiso dormir, mis piernas querían detenerse. Mis brazos gritaban de dolor. Había que llorar, pero de una forma muy especial, y esa era continuando el entrenamiento. Al final de la jornada, muy exhausto, continué en soledad. Siempre fue en soledad, entrenando, del uno al mil, hasta el tres mil.
...
Al otro día me encontré con él, el desgraciado. Yo lo odiaba. Pero este arte impide cometer el error de perder. Y ganar es a veces perder. Querer pasar por encima de él, por odio, era perder.
Esperaba un ataque… estar alerta es parte de este arte. Si me ataca, mi deber es evitar, evitar, evitar, evitar, evitar, responder, paralizarlo, quebrarlo.
Tranquilo. Pero me encontré con él. Un demonio se instaló a mi lado, con una sonrisa confiable. Su aspecto era tan humano como el mío, dijo ser mi aliado, lo miró a él con mi mismo desprecio: ¿Recuerdas lo que te hizo? ¿Lo olvidaste? Pues recuérdalo, imagina su rostro de placer a la hora de disfrutar lo que te arrebató, imagina la elocuencia de su mentira, de su argumento desesperado para acabarte. Recuerda cuando estuviste frente a él y fuiste recto, mientras él doblaba todo lo que se podía doblar. Si… ya lo estás odiando otra vez. Míralo, su rostro enfermo, su cabeza agusanada, su adicción a la desesperación. Si… siento el calor de tu sangre. Pégale. Que tu golpe concentre todo el rencor que le tienes a la mentira, que él sea la sustancia misma de la pestilencia que odias. Lo es. Lo encuentras tan mediocre… ¿Qué esperas? Sus actos han sido bajos. Pégale abajo. Ese rostro, esa mente que guarda tanta miseria. ¡Tanta enfermedad contagiosa, que es la miseria humana!
Y saqué mi sable. Miré al demonio incitador, tenía mi edad, vi su rostro excitado por lo venidero, sus ojos negros brillantes de expectación y apoyo a la venganza. Con sus hechizos gestó imágenes en mi mente, escenas patéticas y obscenas que acentuaban el deseo de la aniquilación. Las escenas que no quería ver en mi vida, aparecían por doquier ante mi vista. Unas tras otras, muchas, explícitas. Hasta que me cansé.
Una paz bañó mi cuerpo por un momento, cerré los ojos. Las imágenes agusanaban mi cabeza, la llenaban de fuego y tormentas. Abrí los ojos. Abrí siete ojos.
El escenario cambió radicalmente, vi al monstruo pestilente que a mi lado me alentaba a golpear la nada, pues nada había ahí. Recordé el arduo entrenamiento. Lo recordé con toda mi alma y el demonio retrocedió, corrió, no sé que vio al mirarme.
Debo matarlo... pensé, y corrí tras él atravesándolo con mi sable, dejándolo en silencio.
Recordé mi secreta inspiración, sonreí, recordé la palabra que alguna vez leí con el corazón. Comprendí que los cerdos seguirán bajando por si solos, según la mecánica natural de la justicia. Me convencí una vez más, de la intensa necesidad de evitar ser uno…
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En ese momento casi desfallecí. Mil, tres mil veces adelante. Mi cabeza quiso dormir, mis piernas querían detenerse. Mis brazos gritaban de dolor. Había que llorar, pero de una forma muy especial, y esa era continuando el entrenamiento. Al final de la jornada, muy exhausto, continué en soledad. Siempre fue en soledad, entrenando, del uno al mil, hasta el tres mil.
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Al otro día me encontré con él, el desgraciado. Yo lo odiaba. Pero este arte impide cometer el error de perder. Y ganar es a veces perder. Querer pasar por encima de él, por odio, era perder.
Esperaba un ataque… estar alerta es parte de este arte. Si me ataca, mi deber es evitar, evitar, evitar, evitar, evitar, responder, paralizarlo, quebrarlo.
Tranquilo. Pero me encontré con él. Un demonio se instaló a mi lado, con una sonrisa confiable. Su aspecto era tan humano como el mío, dijo ser mi aliado, lo miró a él con mi mismo desprecio: ¿Recuerdas lo que te hizo? ¿Lo olvidaste? Pues recuérdalo, imagina su rostro de placer a la hora de disfrutar lo que te arrebató, imagina la elocuencia de su mentira, de su argumento desesperado para acabarte. Recuerda cuando estuviste frente a él y fuiste recto, mientras él doblaba todo lo que se podía doblar. Si… ya lo estás odiando otra vez. Míralo, su rostro enfermo, su cabeza agusanada, su adicción a la desesperación. Si… siento el calor de tu sangre. Pégale. Que tu golpe concentre todo el rencor que le tienes a la mentira, que él sea la sustancia misma de la pestilencia que odias. Lo es. Lo encuentras tan mediocre… ¿Qué esperas? Sus actos han sido bajos. Pégale abajo. Ese rostro, esa mente que guarda tanta miseria. ¡Tanta enfermedad contagiosa, que es la miseria humana!
Y saqué mi sable. Miré al demonio incitador, tenía mi edad, vi su rostro excitado por lo venidero, sus ojos negros brillantes de expectación y apoyo a la venganza. Con sus hechizos gestó imágenes en mi mente, escenas patéticas y obscenas que acentuaban el deseo de la aniquilación. Las escenas que no quería ver en mi vida, aparecían por doquier ante mi vista. Unas tras otras, muchas, explícitas. Hasta que me cansé.
Una paz bañó mi cuerpo por un momento, cerré los ojos. Las imágenes agusanaban mi cabeza, la llenaban de fuego y tormentas. Abrí los ojos. Abrí siete ojos.
El escenario cambió radicalmente, vi al monstruo pestilente que a mi lado me alentaba a golpear la nada, pues nada había ahí. Recordé el arduo entrenamiento. Lo recordé con toda mi alma y el demonio retrocedió, corrió, no sé que vio al mirarme.
Debo matarlo... pensé, y corrí tras él atravesándolo con mi sable, dejándolo en silencio.
Recordé mi secreta inspiración, sonreí, recordé la palabra que alguna vez leí con el corazón. Comprendí que los cerdos seguirán bajando por si solos, según la mecánica natural de la justicia. Me convencí una vez más, de la intensa necesidad de evitar ser uno…
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domingo, 18 de febrero de 2007
Anteriores Visiones
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Y de pronto te vi.
Las cálidas aguas del caribe huyeron horrorizadas
ante la gelidez de tu calor.
La belleza tuvo tendencia a re-aparecer...
Te congelé primero, luego me derretiste.
Agua manó de tus dulces vertientes...
Nublaste mi vista con tus temerosos manjares.
Y de pronto te vi,
mounstrosa belleza de la cristalina frialdad.
Hermoso es el choque del hielo en el ojo,
el árbol desfigurado por un velo terrible.
Hermoso es el vidrio que evité tocar,
porque prefería tocar el árbol, y si no, observar de lejos.
Cuánto añoré el calor, la simpleza de no padecer.
Exquicito es no estar ahi, la nieve me mojó hasta el alma.
* * *
"Oh más dura que mármol a mis quejas
y al encendido fuego que me quema
más helada que la nieve, Galatea!"
(de Garcilaso de la Vega)
El poeta fue solidario,
y su personaje solitario...
"Salid sin duelo, lágrimas, corriendo."
Galatea es nieve hermosa
y nieve es Galatea.
Mora en las alturas de un valle nevado.
* * *
La Revolución insiste en manifestarse de soslayo.
En derribar montañas de nieve, consiste cierto paso.
Derribar hologramas que llenan al hombre de inconsistencias.
Escrito durante un pasado y oscuro invierno, ya habrán letras para los soles...
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